Felicidad, hoy
Felicidad. Efímera y frágil.
Pero felicidad al fin y al cabo.
Hoy estoy feliz.
Tras una crisis de ventitantos días, abro nuevamente las ventanas de mi casa y realizo una vez más que la vida es bella.
Que la vida es fea también, desde luego. Claro que lo es. Pero bella es. Y no es contradicción sinó polivalencia.
Las calles, los árboles, el mar, el cantar de la gente al hablar, un motivo tonto cualesquiera para reír, tantas miradas vivas, tantos quereres.
Esto vale la pena, sí.
Y mañana, lo sé: vendrán días, semanas, meses, quién sabe si años de amargura, de tristeza, de opacidad, de enfermedad.
Sobre mi salud pende una espada de Damocles y yo soy conciente de eso.
Más, mientras fuerzas me queden y momentos cómo el de hoy vengan, seguiré adelante porque esto vale la pena.
Porque mi sufrir me enseña que no estoy solo. Que hay muchos que sufren y que aunque son distintos los motivos, un factor une a todo y es un orden social mundial inequitativo.
O si se prefiere: impera la injusticia social y no me restrinjo a las dimensiones económicas y políticas, sino que hago extensivo el concepto a las dimensiones culturales y sociales, incluyendo desde luego al mundo de la vida (a lo cotidiano).
Lucharé y seguiré luchando hasta entonces -hasta que mi llama se apague- por un mundo mejor y lo haré desde el enfoque de los derechos humanos (hay otros caminos, este es el que yo he elegido) y si algún día tal enfoque se hiciera obsoleto (ojalá que no) replantearé el rumbo pero no cejaré en mi andar.
Sólamente haré pausas, cada vez que me falle el cuerpo, obligadamente, tendré que detenerme. En cada crisis, me encerraré y rumiaré con desconsuelo el pasar inútil del tiempo.
Y luego, un día cualquiera como hoy, por el mero motivo de estar vivo, de estar bien, de haber hecho algo bueno por un ser querido y por desconocidos. Y además de seguir trabajando por un mundo mejor, entonces seguiré adelante.
Porque golpe a golpe, aprendo a amar más la vida, a descubrir las bellezas que están en cada rincón, y en suma, a socializar un poco más y a ser feliz en la experiencia.
Hoy estoy feliz.
Hoy estoy.
Pero felicidad al fin y al cabo.
Hoy estoy feliz.
Tras una crisis de ventitantos días, abro nuevamente las ventanas de mi casa y realizo una vez más que la vida es bella.
Que la vida es fea también, desde luego. Claro que lo es. Pero bella es. Y no es contradicción sinó polivalencia.
Las calles, los árboles, el mar, el cantar de la gente al hablar, un motivo tonto cualesquiera para reír, tantas miradas vivas, tantos quereres.
Esto vale la pena, sí.
Y mañana, lo sé: vendrán días, semanas, meses, quién sabe si años de amargura, de tristeza, de opacidad, de enfermedad.
Sobre mi salud pende una espada de Damocles y yo soy conciente de eso.
Más, mientras fuerzas me queden y momentos cómo el de hoy vengan, seguiré adelante porque esto vale la pena.
Porque mi sufrir me enseña que no estoy solo. Que hay muchos que sufren y que aunque son distintos los motivos, un factor une a todo y es un orden social mundial inequitativo.
O si se prefiere: impera la injusticia social y no me restrinjo a las dimensiones económicas y políticas, sino que hago extensivo el concepto a las dimensiones culturales y sociales, incluyendo desde luego al mundo de la vida (a lo cotidiano).
Lucharé y seguiré luchando hasta entonces -hasta que mi llama se apague- por un mundo mejor y lo haré desde el enfoque de los derechos humanos (hay otros caminos, este es el que yo he elegido) y si algún día tal enfoque se hiciera obsoleto (ojalá que no) replantearé el rumbo pero no cejaré en mi andar.
Sólamente haré pausas, cada vez que me falle el cuerpo, obligadamente, tendré que detenerme. En cada crisis, me encerraré y rumiaré con desconsuelo el pasar inútil del tiempo.
Y luego, un día cualquiera como hoy, por el mero motivo de estar vivo, de estar bien, de haber hecho algo bueno por un ser querido y por desconocidos. Y además de seguir trabajando por un mundo mejor, entonces seguiré adelante.
Porque golpe a golpe, aprendo a amar más la vida, a descubrir las bellezas que están en cada rincón, y en suma, a socializar un poco más y a ser feliz en la experiencia.
Hoy estoy feliz.
Hoy estoy.


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