el juan fran

Monday, January 11, 2010

Pausa

Un hombrecito sonríendo absurdamente, imaginando el invierno en pleno verano, imaginando la felicidad en medio de la bulla de la ciudad, imaginándose a sí mismo cuando apenas si puede reconocerse.

Una banca en un parque. Una cama con mil aromas. Una vereda resquebrajada. Un balcón y un vacío. Una ciudad y un mar. Una puerta como tantas. Un hombrecito haciendo como que hace, haciendo como que es.

Piensa que podría morirse mañana y se obliga a estar alegre.

Se siente enamorado, no sabe bien de qué o de quién. Pero enamorado.

Inventa vidas para en algo creer.

Un hombrecito y su circunstancia.

Recuerdos en su mente que se le antojan caóticos, hermosos, espantosos, sublimes, propios y ajenos... todo a la vez, cual garúa inclemente que discurre siendo y no siendo: humedad y lluvia al mismo tiempo.

Piensa en el futuro, sonríe. Sin entender, sonríe. Absurdamente, pues, sonríe.

Y su sonrisa se le antoja como una gaviota que surca el cielo con rumbo al mar.

Entonces oye el rumor de las olas agitando los acantilados.

Los acantilados de Lima.