Tonto y torero
Hoy tuve un día largo.
Al límite de mi salud y a contracorriente del calor, los mareos, las migrañas trabajé duro y parejo.
Finalizada la jornada, tarde ya, te busqué en internet.
Fui al Facebook, abrí el Messenger, pero nada, no estabas.
Pensé en llamarte entonces, pero ya sabes, mi timidez y mis temores me inhiben.
Se me ocurrió que podrías sentirte agobiada ya que nada más anteayer te telefoneé.
Me resigné a pasar un día más sin ti.
No lo niego, te extrañé y mucho esta noche.
Creo a veces que soy tonto para estas cosas: debería haberte llamado y punto. Arriesgarme. Total, siempre la pasamos bien, nos reímos mucho, me encantas y todo me hace suponer que te caigo bien.
Tonto soy: ¿no?.
Más allá de eso, amiguita linda (te estoy parafraseando) me asustas.
Me asustas porque desde que te conocí me siento más solo cuando estoy a solas, es decir todas las noches, porque vivo sin compañía.
Me asustas porque tanto porque te quiero, como porque te requiero.
Me asustas porque la anterior mujer que me enamoró me mintió descaradamente, y la anterior me maltrató abusando de una posición de poder, y la anterior a esta última me engañó con otro hombre y... mejor lo dejo ahí porque no es la idea dar lástima.
El punto es que me asustas.
El punto es que estoy solo y me siento a estas alturas necesitado de tener una compañera de ruta.
El punto es que pareces muy ideal para ser compañera de ruta.
Pero más importante que todo eso: te quiero.
Encararé entonces mis temores y te volveré a buscar.
Siento que vales la pena y si me equivoco en eso o en otra cosa vinculada a nuestra relación pues tendré que pagar el precio nomás.
A morir o matar, torero. Una vez más, ojalá que la última.
Al límite de mi salud y a contracorriente del calor, los mareos, las migrañas trabajé duro y parejo.
Finalizada la jornada, tarde ya, te busqué en internet.
Fui al Facebook, abrí el Messenger, pero nada, no estabas.
Pensé en llamarte entonces, pero ya sabes, mi timidez y mis temores me inhiben.
Se me ocurrió que podrías sentirte agobiada ya que nada más anteayer te telefoneé.
Me resigné a pasar un día más sin ti.
No lo niego, te extrañé y mucho esta noche.
Creo a veces que soy tonto para estas cosas: debería haberte llamado y punto. Arriesgarme. Total, siempre la pasamos bien, nos reímos mucho, me encantas y todo me hace suponer que te caigo bien.
Tonto soy: ¿no?.
Más allá de eso, amiguita linda (te estoy parafraseando) me asustas.
Me asustas porque desde que te conocí me siento más solo cuando estoy a solas, es decir todas las noches, porque vivo sin compañía.
Me asustas porque tanto porque te quiero, como porque te requiero.
Me asustas porque la anterior mujer que me enamoró me mintió descaradamente, y la anterior me maltrató abusando de una posición de poder, y la anterior a esta última me engañó con otro hombre y... mejor lo dejo ahí porque no es la idea dar lástima.
El punto es que me asustas.
El punto es que estoy solo y me siento a estas alturas necesitado de tener una compañera de ruta.
El punto es que pareces muy ideal para ser compañera de ruta.
Pero más importante que todo eso: te quiero.
Encararé entonces mis temores y te volveré a buscar.
Siento que vales la pena y si me equivoco en eso o en otra cosa vinculada a nuestra relación pues tendré que pagar el precio nomás.
A morir o matar, torero. Una vez más, ojalá que la última.

